Una jueza federal determinó que el Departamento de Seguridad Nacional infringió la ley federal al encaminar a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias hacia una reducción de 50% de su plantilla, con lo que invalidó el fundamento jurídico de un plan que dejaría a la agencia nacional de respuesta ante desastres con aproximadamente 11,383 empleados. El fallo judicial, emitido a última hora del viernes por la jueza federal de distrito Susan Illston en San Francisco, resuelve la cuestión central sobre el fondo del litigio en torno a la dotación de personal de FEMA, pero aún no restituye empleos ni especifica cómo debe proceder la agencia.

La decisión trasciende una disputa interna de personal. FEMA coordina la asistencia federal cuando huracanes, inundaciones, incendios, terremotos y otras emergencias rebasan la capacidad estatal y local. Su plantilla disponible para despliegues también respalda las prolongadas labores de recuperación después de que pasa el peligro inmediato. Illston concluyó que el DHS —no FEMA— impulsó la reducción e impuso controles sobre la renovación de contratos sin una explicación razonada, pese a que el Congreso limitó expresamente la autoridad del departamento para disminuir el papel de FEMA después del huracán Katrina.

Lo que decidió la jueza

Illston falló a favor de los sindicatos en su reclamación específica sobre FEMA en American Federation of Government Employees v. Trump, un caso más amplio que impugna las reducciones de personal en el Poder Ejecutivo. Según Reuters, la jueza concluyó que el DHS usurpó ilegalmente la autoridad de FEMA sobre su personal y encaminó a la agencia hacia la eliminación de miles de puestos de respuesta ante desastres.

El límite establecido por la ley es inusualmente explícito. Conforme a la ley federal, FEMA debe seguir siendo una entidad diferenciada dentro del DHS, y el secretario de Seguridad Nacional no puede reducir de manera sustancial o significativa las facultades, responsabilidades o funciones de la agencia. El Congreso promulgó esa protección como parte de la reorganización posterior al huracán Katrina, destinada a impedir que la gestión de emergencias volviera a debilitarse por una reestructuración departamental.

El gobierno argumentó que FEMA conserva amplia discreción para determinar sus necesidades de personal y que la gestión de nombramientos temporales no implica necesariamente desmantelar una función de la agencia. Illston rechazó la forma en que el DHS ejerció esa autoridad en este caso. Escribió que el expediente no mostraba un proceso razonado de toma de decisiones que sustentara la revocación de las prácticas anteriores de renovación de FEMA ni las condiciones que el DHS impuso a futuras renovaciones.

El fallo tiene consecuencias importantes, pero no se aplica por sí solo. Illston no estableció medidas correctivas, ordenó reincorporaciones inmediatas ni prohibió todos los cambios futuros de personal. Invitó a las partes a presentar argumentos sobre las medidas correspondientes y dijo que las abordaría en una decisión separada el próximo mes. El gobierno también puede apelar. Hasta que se den esos pasos, las consecuencias prácticas para la dotación de personal siguen sin definirse, aunque el tribunal rechazó el enfoque jurídico del DHS.

Una plantilla ya reducida

El plan impugnado no partió de una situación estable. Un informe de la GAO de agosto determinó que FEMA empleó un promedio de unas 25,134 personas en el año fiscal 2025, mientras que más de 4,300 empleados —aproximadamente 17% de la plantilla— dejaron la agencia durante el año. Eso representó un aumento de 55% en las desvinculaciones respecto del año fiscal 2024. El organismo fiscalizador señaló que esas salidas hicieron que la agencia perdiera conocimiento institucional y agravaron problemas de personal de larga data.

La GAO también determinó que FEMA dejó sin efecto su plan estratégico en 2025 y carecía de una orientación general en la cual basar la planificación de su plantilla. La agencia redujo personal mediante programas voluntarios, ceses de empleados en período de prueba y la no renovación de contratos del Cadre of On-Call Response and Recovery Employee. Según el informe, una congelación de contrataciones iniciada en enero de 2025 permaneció vigente hasta mayo de 2026.

Esas categorías laborales son centrales para la disputa. Los reservistas de FEMA son empleados intermitentes contratados para ser desplegados en zonas de desastre, mientras que el personal CORE ocupa puestos de duración limitada vinculados a labores relacionadas con desastres. No se trata simplemente de puestos en oficinas centrales. Incluyen funciones de logística, asistencia pública, asistencia individual, mitigación y otras tareas de campo que se amplían cuando ocurren varias emergencias al mismo tiempo.

La planificación interna descrita a comienzos de este año contemplaba recortes superiores a 10,000 puestos. La demanda judicial presentada por los sindicatos en enero señalaba que se permitiría que los contratos vencieran por etapas, comenzando con decenas de notificaciones y afectando finalmente a miles de integrantes del personal temporal y de respuesta de guardia. FEMA cuestionó inicialmente que esa planificación constituyera una directriz definitiva, pero el fallo del viernes determinó que la agencia parecía avanzar hacia una plantilla de 11,383 empleados para el próximo año fiscal —aproximadamente la mitad del nivel anterior— y que el expediente no explicaba por qué se había elegido esa cifra.

La supervisión independiente ya había planteado preocupaciones sobre el nivel de preparación. La GAO indicó que FEMA y el DHS no habían evaluado las necesidades actuales y futuras de personal de la agencia antes de reducir la plantilla o proponer cambios adicionales. El organismo fiscalizador no concluyó que cada reducción necesariamente derivaría en una respuesta fallida ante un desastre; más bien, determinó que los directivos carecían del análisis necesario para saber si la plantilla restante podría cumplir la misión. Esa distinción es importante: el tribunal decidió sobre la legalidad, mientras que la GAO evaluó los riesgos para la gestión y la preparación.

Los argumentos del gobierno a favor del cambio

El presidente Donald Trump ha sostenido reiteradamente que los estados deberían asumir una mayor responsabilidad en la preparación y recuperación ante desastres, y ha sugerido que FEMA podría ser abolida o reestructurada de manera sustancial. Los partidarios de ese enfoque afirman que los estados están más cerca de las necesidades locales, que los programas federales pueden ser lentos y fragmentados y que una agencia con una numerosa plantilla temporal debería poder ajustar su dotación a medida que cambia la carga de trabajo relacionada con los desastres.

El gobierno también incorporó en agosto a un nuevo director de FEMA confirmado por el Senado. Cameron Hamilton regresó a la agencia después de haberse opuesto anteriormente a su eliminación y asumió la dirección de lo que, según informó AP, era una organización que enfrentaba pérdidas de personal, interrupciones en subvenciones y demoras en la ayuda por desastres. Su confirmación abrió una posible vía para reformar FEMA desde dentro, en lugar de imponer una reducción desde otra parte del DHS.

Pero el Congreso no concedió al Poder Ejecutivo flexibilidad ilimitada para transferir o vaciar de contenido las funciones esenciales de FEMA. La decisión de Illston se basa en esa división institucional: el DHS supervisa a FEMA, pero la ley posterior al huracán Katrina preserva la identidad y la autoridad operativa de FEMA. El fallo no impide que la agencia gestione el desempeño, ponga fin a nombramientos individuales o rediseñe sus operaciones. Establece que el departamento no puede utilizar el control de la plantilla para lograr una reducción sustancial de las funciones de FEMA sin cumplir la ley.

Los mensajes borrados agravan la disputa

En una decisión separada sobre la presentación de pruebas, Illston determinó que funcionarios de FEMA y del DHS utilizaron Signal en teléfonos personales para hablar sobre las reducciones de personal y borraron mensajes que debían haberse conservado. Señaló que las comunicaciones faltantes habrían sido pertinentes e impuso una inferencia adversa: a medida que avance el caso, el tribunal presumirá que los mensajes perdidos habrían sido desfavorables para el gobierno porque habrían aportado más pruebas de conducta ilegal.

Esa conclusión no demuestra por sí sola todas las acusaciones de los sindicatos ni establece que todo uso de una aplicación de mensajería cifrada sea ilegal. Sí fortalece la posición de los demandantes respecto de la intención y la toma de decisiones, porque el gobierno no puede beneficiarse de la ausencia de comunicaciones que debieron conservarse. También podría influir en las medidas correctivas y en cualquier revisión posterior del expediente fáctico en segunda instancia.

Qué sucederá ahora

La cuestión inmediata son las medidas correctivas. Los sindicatos pueden pedirle a Illston que detenga la implementación del plan para una plantilla de 11,383 personas, restituya a FEMA la autoridad sobre las renovaciones, reconsidere los nombramientos afectados o exija un proceso de planificación conforme a la ley. El gobierno puede abogar por medidas más limitadas, con el argumento de que los niveles de personal cambian y que los tribunales no deberían administrar el sistema de personal de una agencia del Poder Ejecutivo. Cualquier medida cautelar podría llegar rápidamente al Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito y, potencialmente, a la Corte Suprema, que intervino anteriormente en el caso más amplio sobre la reducción del gobierno federal.

En términos operativos, FEMA debe seguir respondiendo a emergencias mientras avanza el litigio. La agencia no puede asumir que el fallo le proporciona automáticamente miles de trabajadores capacitados, y los estados no pueden dar por hecho que la capacidad federal ya se restableció. Los vencimientos de contratos, las recontrataciones, la capacitación y la preparación para los despliegues avanzan conforme a distintos cronogramas. Por lo tanto, la diferencia entre una victoria jurídica y la disponibilidad de personal adicional para el próximo gran desastre podría medirse en meses.

No obstante, el cambio confirmado es sustancial: un tribunal rechazó la autoridad del DHS para impulsar a FEMA hacia una plantilla equivalente a la mitad de la que tenía anteriormente sin un fundamento razonado y conforme a la ley. Aún no está claro si las medidas correctivas detendrán las reducciones antes de que se consoliden, cuánta capacidad operativa podrá recuperarse y si una apelación demorará o limitará la decisión durante una temporada activa de desastres.