La Oficina del Censo propuso el miércoles limitar el conteo poblacional de 2030 a ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes legales, en ruptura con la práctica de larga data de contar a ciudadanos y no ciudadanos donde residen habitualmente. La misma propuesta eliminaría del formulario decenal las preguntas sobre raza y origen étnico. Ambos cambios aún están sujetos a un periodo de 30 días para comentarios del público, pero, en conjunto, podrían modificar los datos utilizados para repartir los escaños del Congreso, trazar distritos legislativos y distribuir fondos federales.
La propuesta, detallada por primera vez en un informe de Reuters del 9 de septiembre, va más allá de añadir una pregunta sobre ciudadanía. Excluiría del conteo tanto a las personas que se encuentran legalmente en el país con visas temporales como a los inmigrantes sin estatus legal permanente. Los ciudadanos y titulares de una tarjeta de residencia permanente seguirían incluidos. El gobierno ha argumentado que la representación política debe reflejar a la población ciudadana, mientras que los críticos sostienen que la Constitución exige contar a las personas, no únicamente a votantes o ciudadanos.
Un denominador diferente
Según la práctica actual de la Oficina del Censo, la población utilizada para el reparto de escaños incluye a toda la población residente de los 50 estados —ciudadanos y no ciudadanos—, además de cierto personal federal en el extranjero asignado a sus estados de origen. La propia guía de la Oficina sobre el reparto de escaños señala que el primer uso de los resultados decenales es distribuir entre los estados los 435 escaños de la Cámara de Representantes. Esos mismos conteos sirven luego de base para la redistribución de distritos dentro de cada estado.
El cambio propuesto es importante porque el reparto de escaños es un cálculo de suma cero. Un escaño de la Cámara que gana un estado deja de estar disponible para otro, y el método clasifica a los estados según sus totales de población. Excluir a residentes en función de su estatus migratorio modificaría esos totales de manera desigual, porque la población no ciudadana no se distribuye uniformemente. Sin embargo, sería prematuro identificar a los posibles ganadores y perdedores sin una definición definitiva y datos actuales de áreas geográficas pequeñas.
La disputa constitucional comienza con la Sección 2 de la 14.ª Enmienda, que establece que los representantes se distribuyen de acuerdo con el «número total de personas» de cada estado. El texto de la enmienda distingue entre «personas» y «ciudadanos» en disposiciones contiguas. Quienes apoyan excluir a algunos no ciudadanos podrían argumentar que el Congreso y el Poder Ejecutivo conservan amplias facultades para decidir cómo se realiza el censo. Es probable que los opositores respondan que la discrecionalidad administrativa no puede sustituir la medida de población especificada por la enmienda. Si la política se adopta de manera definitiva, los tribunales —no la propuesta en sí— resolverían ese conflicto.
Representación y fondos públicos
El censo es tanto un conteo de personas como la base de otras decisiones gubernamentales. La reseña actual de la Oficina sobre 2030 señala que los resultados determinan los escaños de la Cámara, sustentan la redistribución de distritos y sirven para orientar la asignación de cientos de miles de millones de dólares federales a hospitales, departamentos de bomberos, escuelas, carreteras y otros servicios. Muchas fórmulas utilizan directamente medidas de población derivadas del censo o las combinan con datos de encuestas y registros administrativos.
Eso no significa que cada dólar federal se reasignaría automáticamente. Los programas utilizan distintas leyes, fórmulas y versiones de datos correspondientes a diferentes periodos, incluidas medidas de edad, ingresos, pobreza o matrícula. No obstante, cambiar el universo poblacional podría repercutir en múltiples conjuntos de datos, lo que obligaría a las agencias a explicar cómo preservarían medidas comparables y conformes con la ley.
La distinción entre representación y elegibilidad es fundamental. Las personas que no pueden votar también utilizan carreteras, asisten a escuelas, reciben servicios de emergencia y viven en distritos congresionales. Los partidarios de la propuesta afirman que los no ciudadanos no deberían aumentar el poder político de un estado. Los opositores sostienen que los representantes sirven a todas las personas de sus distritos y que los servicios públicos deben planificarse en función de quienes viven allí.
El plan de implementación del gobierno también deberá responder una pregunta práctica: cómo se determinaría el estatus migratorio. Una respuesta en el cuestionario, el cotejo con registros administrativos y una imputación estadística tienen consecuencias distintas para la precisión, la privacidad y las operaciones. La Oficina del Censo ha dedicado años a planificar investigaciones, pruebas de campo y un ensayo general en 2028; su archivo público de avisos describe la revisión pública como parte de ese proceso.
También desaparecerían los datos sobre raza
El segundo cambio propuesto —eliminar las preguntas sobre raza y origen étnico— afectaría otros usos. Estas preguntas no determinan quién se incluye en el conteo para el reparto de escaños, pero sus respuestas ayudan a mostrar cómo se distribuyen las comunidades y si las políticas producen resultados desiguales. Las agencias federales, estatales y locales utilizan esos datos en análisis sobre votación, vivienda, empleo, salud y educación.
Hace apenas dos años, el gobierno federal revisó sus normas sobre raza y origen étnico por primera vez desde 1997. Los cambios combinaron raza y origen étnico en una sola pregunta, permitieron seleccionar varias opciones y añadieron una categoría para personas de Medio Oriente o del norte de África. Según informes de la época, la revisión fue resultado del trabajo de 35 agencias, más de 20.000 comentarios y 94 sesiones de consulta. Eliminar las preguntas del formulario decenal invertiría el rumbo de ese esfuerzo de modernización en el censo, incluso si otras encuestas federales siguieran recopilando la información.
El censo decenal y la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense están relacionados, pero no son intercambiables. El censo busca contar a todas las personas cada 10 años; la encuesta anual toma una muestra de una proporción menor de hogares y genera estimaciones con márgenes de error. En 2019, la Corte Suprema señaló que la pregunta sobre ciudadanía había pasado a la encuesta anual después de 2000, mientras que las preguntas demográficas básicas permanecieron en el formulario decenal. El trabajo sobre derechos civiles y redistribución de distritos en áreas geográficas pequeñas puede depender del conteo completo del censo porque el error de muestreo aumenta a medida que la geografía se vuelve más específica.
Eliminar las preguntas sobre raza y origen étnico también podría debilitar la continuidad entre décadas. Las categorías han cambiado, pero la extensa serie de datos ayuda a los investigadores a medir los cambios demográficos y evaluar programas. Las normas de calidad de la Oficina enfatizan la objetividad, la utilidad y la integridad. Una norma definitiva tendría que explicar cómo podrían otras fuentes reproducir el detalle geográfico y la consistencia de las respuestas del censo.
El fallo de 2019 no resuelve todo el asunto
El precedente más cercano de la Corte Suprema surgió del intento del primer gobierno de Trump de añadir una pregunta sobre ciudadanía al censo de 2020. En su fallo, la Corte sostuvo que preguntar por la ciudadanía era constitucionalmente permisible y que el secretario de Comercio tenía amplias facultades sobre el contenido del censo. Pero también determinó que la decisión estaba sujeta a revisión conforme a la Ley de Procedimiento Administrativo y concluyó que la justificación declarada, basada en la Ley de Derecho al Voto, no coincidía con las pruebas. El plan fue devuelto a la agencia y la pregunta no se añadió.
Ese caso ofrece orientación, pero no resuelve la nueva disputa. Formular una pregunta a cada hogar es distinto de excluir a residentes del conteo utilizado para repartir escaños. La decisión de 2019 también dejó constancia de la preocupación de la Oficina de que una pregunta sobre ciudadanía pudiera reducir las tasas de respuesta entre los hogares con personas no ciudadanas, lo que provocaría subconteos y mayores costos de seguimiento. La exclusión plantea un problema adicional: si el conteo en sí cumple el mandato constitucional.
Las pruebas serán importantes. A principios de este año, legisladores objetaron el uso de un formulario de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense que contenía una pregunta sobre ciudadanía en las pruebas de campo del Censo de 2030, mientras que la Oficina afirmó que la investigación buscaba orientar el diseño. Esa disputa, descrita por Associated Press, ilustra por qué no se puede dar por sentado el comportamiento de los encuestados. Un censo solo tiene éxito si los hogares participan y la Oficina puede contar a las personas que no responden.
Las normas de privacidad constituyen otra limitación. La ley federal protege las respuestas censales individuales frente a su divulgación a otras agencias, y la opinión de la Corte de 2019 enfatizó esa confidencialidad. Si el gobierno se apoya en registros migratorios o de beneficios para clasificar a los residentes, tendrá que especificar las fuentes de datos, los criterios de cotejo, el proceso de corrección de errores y las salvaguardas contra usos secundarios. Esos detalles operativos determinarán tanto la precisión como la confianza del público.
Qué ocurrirá ahora
El periodo de comentarios públicos es el primer punto formal de revisión. Demógrafos, gobiernos, grupos de derechos civiles y agencias de servicios pueden examinar los supuestos jurídicos y estadísticos de la propuesta. El gobierno puede revisar, defender o retirar el plan. El Congreso puede ejercer supervisión o legislar, y es casi seguro que una medida definitiva provocaría litigios.
Las pruebas más útiles en el próximo debate serán concretas: la definición exacta de quién está incluido, los efectos proyectados sobre la respuesta, los métodos validados para clasificar el estatus, los costos del seguimiento y los planes para sustituir los datos sobre raza y origen étnico. Las afirmaciones sobre ventajas partidistas o daños demográficos deben contrastarse con modelos transparentes, en lugar de tratarse como resultados ya establecidos.
El censo de 2030 todavía está a cuatro años de distancia, pero el diseño censal se consolida mucho antes de que los formularios lleguen a los hogares. Es necesario construir sistemas, capacitar trabajadores, verificar direcciones y probar preguntas a escala nacional. Cambiar el universo poblacional y eliminar preguntas demográficas fundamentales tendría consecuencias que irían mucho más allá de un cuestionario más breve. Modificaría lo que el gobierno federal entiende por contar al país y las pruebas con las que cuenta para gobernar a las personas que viven aquí.