El gabinete de Taiwán propuso el jueves NT$145,7 mil millones, o unos $4,6 mil millones, en gastos adicionales de defensa para 2026, incluidos más de 40.000 drones de ataque costero, más de 600 drones de vigilancia y el primer lote de más de 100 pequeñas embarcaciones no tripuladas. El nuevo paquete constituye un intento concreto de destinar fondos a sistemas de producción nacional, después de que los legisladores aprobaran a comienzos de este año solo una parte de la solicitud especial de defensa, de mayor alcance, presentada por el presidente Lai Ching-te.

La propuesta combina dos enfoques distintos de disuasión. Uno consiste en un interceptor de nivel medio relativamente costoso, diseñado para enfrentar misiles balísticos tácticos. El otro apuesta por la cantidad: miles de sistemas no tripulados más pequeños que podrían vigilar las costas, dificultar un asalto anfibio y obligar a un atacante a gastar municiones escasas contra numerosos objetivos. Ambos son importantes, pero ninguno constituye todavía una capacidad desplegada. La legislatura debe aprobar los fondos, los fabricantes deben entregar sistemas utilizables y las Fuerzas Armadas de Taiwán deben integrarlos en sus unidades, redes de comunicaciones y planes operativos.

Cubrir una brecha presupuestaria

El gabinete señaló que la solicitud suplementaria restituiría partidas para equipos de producción nacional que quedaron excluidas cuando el Yuan Legislativo, controlado por la oposición, aprobó en mayo aproximadamente $25 mil millones en gastos adicionales de defensa. Esa medida anterior cubrió armamento de origen estadounidense, pero no toda la combinación que buscaba Taipéi. Por tanto, la nueva solicitud no se limita a ampliar una lista de compras existente; modifica su composición al reincorporar misiles y drones nacionales al financiamiento de 2026.

Esa distinción también explica la urgencia del lenguaje del gabinete. Los funcionarios afirmaron que no podía haber una brecha en la defensa nacional y que la autosuficiencia no podía esperar. Sin embargo, la solicitud llega en medio de un proceso fiscal disputado. El 27 de agosto, los legisladores rechazaron un plan gubernamental separado de NT$210 mil millones para drones y aprobaron un marco alternativo de seis años por un total de NT$240 mil millones, con un límite general de NT$40 mil millones anuales. La ley sobre drones ofreció más financiamiento total, pero impuso un ritmo anual más lento y una supervisión legislativa más estricta.

Por tanto, el desacuerdo no gira tanto en torno a si Taiwán necesita sistemas no tripulados, sino a la rapidez con que debe adquirirlos y quién controla la secuencia de compras. El ministro de Defensa, Wellington Koo, ha sostenido que un límite anual de NT$40 mil millones sería inferior a los NT$42,1 mil millones que su ministerio proyectaba destinar únicamente a drones en 2027. Los legisladores de la oposición afirman que los presupuestos ordinarios permiten un mejor escrutinio. La solicitud suplementaria pondrá a prueba si esas posturas pueden conciliarse sin otra demora.

Una apuesta por la defensa aérea en capas

El mayor componente convencional identificado es el sistema de nivel medio contra misiles balísticos tácticos conocido como Strong Bow. El Ministerio de Defensa de Taiwán lo ha descrito como una capa de desarrollo nacional situada por encima de los sistemas Tien Kung III de la isla y Patriot PAC-3 de fabricación estadounidense. Según el documento presupuestario del ministerio, se prevé que el programa Strong Bow en su conjunto cueste NT$36 mil millones entre 2026 y 2032, y que las primeras entregas a la Fuerza Aérea se realicen en 2028.

Strong Bow está diseñado para interceptar misiles balísticos tácticos a altitudes de hasta unos 70 kilómetros. Eso no vuelve inexpugnable a la isla. La defensa antimisiles es una competencia entre la cobertura de sensores, los inventarios de interceptores, la doctrina de respuesta y el volumen y la sofisticación de un ataque entrante. Una capa superior puede crear otra oportunidad para interceptar una amenaza, pero también requiere alerta temprana confiable, enlaces de mando y suficientes proyectiles para resistir ataques de saturación. No se ha divulgado el número de sistemas e interceptores incluidos en la solicitud suplementaria.

La decisión del gabinete refleja el esfuerzo de Taiwán por diversificarse más allá de las armas importadas. Lai ha vinculado reiteradamente las adquisiciones extranjeras con la producción nacional y ha descrito las fuerzas asimétricas, las defensas contra drones y el desarrollo conjunto como prioridades relacionadas en sus declaraciones presidenciales. La producción nacional puede acortar algunas cadenas de suministro y agilizar la reposición, pero no puede eliminar las limitaciones relacionadas con motores, sensores, componentes de comunicaciones o explosivos. Una partida presupuestaria debe entenderse ante todo como demanda industrial; su valor militar dependerá de la calidad de la producción, los calendarios de entrega y las pruebas operativas.

Cantidad sin ilusiones

Las cantidades de drones constituyen la señal más clara de un giro hacia la escala. Más de 600 drones costeros de vigilancia y reconocimiento podrían ampliar la observación de las rutas de aproximación más probables. Más de 40.000 drones de ataque costero podrían distribuir la capacidad de ataque entre numerosas unidades pequeñas. El primer lote de al menos 100 embarcaciones no tripuladas añadiría otra capa cerca de puertos y zonas de desembarco. En conjunto, buscan dificultar el cruce de las aguas y el litoral alrededor de Taiwán y facilitar su vigilancia.

Las cifras por sí solas pueden ser engañosas. Los drones pequeños varían mucho en alcance, autonomía de vuelo, resistencia a la guerra electrónica, carga útil y grado de autonomía operativa. Los sistemas que funcionan en pruebas pueden fallar cuando se interfieren las señales de navegación, se interrumpen los enlaces de datos o empeoran las condiciones meteorológicas. Taiwán también debe capacitar operadores, almacenar baterías y repuestos, reforzar los lugares de lanzamiento y conectar los sensores con comandantes que puedan autorizar ataques. La meta de 210.000 drones propuesta en la legislación de agosto ilustró la ambición, pero la actual solicitud suplementaria contempla un tramo menor a corto plazo, en lugar de afirmar que toda esa fuerza ya existe.

El entorno operativo no es teórico. El Ministerio de Defensa de Taiwán publica registros diarios de aeronaves y embarcaciones chinas alrededor de la isla; su recuento más reciente registró una aeronave del Ejército Popular de Liberación, cinco buques navales y otros tres buques oficiales en un periodo de 24 horas. Los recuentos diarios fluctúan, y un intervalo tranquilo no define la tendencia. No obstante, la actividad persistente obliga a Taiwán a distinguir entre patrullas rutinarias, señales coercitivas y preparativos que podrían preceder a un bloqueo o ataque.

La lógica de la negación

El énfasis de Taiwán en los misiles móviles y los numerosos sistemas no tripulados responde a una estrategia de negación: sobrevivir a un ataque inicial, preservar sensores y comunicaciones e infligir suficientes pérdidas o generar suficiente incertidumbre para impedir que un atacante consume rápidamente un hecho irreversible. Un estudio detallado del CNAS describe cómo un gran número de sistemas autónomos relativamente económicos podría dificultar una operación anfibia, especialmente si se combina con minas, misiles antibuque y redes de mando resilientes.

Esa lógica coincide con el énfasis declarado de Washington en disuadir a China y aumentar el reparto de responsabilidades entre los aliados. La estrategia de 2026 del Pentágono explicita esos objetivos. Pero el programa de Taiwán no es únicamente una respuesta a la presión de Estados Unidos. La isla enfrenta una geografía particular: tiempos de alerta breves, profundidad estratégica limitada, infraestructura expuesta y un litoral que vuelve especialmente importantes la detección temprana y la defensa dispersa.

Las alianzas tecnológicas pueden ayudar a subsanar deficiencias específicas. El principal instituto de investigación militar de Taiwán firmó anteriormente un acuerdo de software con Auterion para software de drones probado en Ucrania. Sin embargo, el software es solo una capa. Los enjambres eficaces requieren actualizaciones seguras, una gestión disciplinada de los datos y salvaguardas contra componentes comprometidos. También necesitan una doctrina que asigne misiones entre aeronaves de reconocimiento, drones de ataque unidireccional y embarcaciones no tripuladas sin saturar el espectro radioeléctrico ni duplicar objetivos.

La aprobación es la primera prueba

La solicitud suplementaria pasa ahora al mismo sistema político que reformuló el paquete de defensa anterior. El Partido Democrático Progresista de Lai no controla la legislatura, y los partidos de oposición pueden exigir costos desglosados, hitos de producción y facultades de auditoría. Esos controles pueden mejorar un programa apresurado, pero una revisión prolongada también puede desestabilizar a los proveedores que necesitan pedidos previsibles para ampliar sus fábricas y contratar trabajadores calificados. La cuestión práctica es si el escrutinio puede producir un mejor plan de adquisiciones sin que los tiempos presupuestarios anuales generen una brecha de capacidad.

Al mismo tiempo, Taiwán propone por primera vez un presupuesto de defensa para 2027 superior a NT$1 billón. En sus declaraciones por el Día de las Fuerzas Armadas, Lai sostuvo que una disuasión más sólida protege la paz regional, mientras que Pekín acusó a su gobierno de provocar una confrontación y desperdiciar fondos públicos. La retórica refleja posturas políticas incompatibles, pero no resuelve el problema de las adquisiciones: Taiwán debe convertir el gasto en fuerzas capaces de sobrevivir a un ataque con mayor rapidez que la evolución de las amenazas potenciales.

La combinación propuesta es más trascendente que la cifra en dólares del titular porque abarca intercepción, detección y ataques distribuidos. También expone las limitaciones de usar el presupuesto como indicador de preparación. Los contratos, las plataformas aéreas entregadas, las tripulaciones capacitadas, las redes probadas y las unidades desplegables son etapas distintas, y solo la última genera capacidad operativa. Evaluaciones independientes del equilibrio a ambos lados del estrecho, incluida una revisión del CSIS, muestran por qué Taiwán no puede suponer que mayores asignaciones presupuestarias cerrarán automáticamente una brecha de capacidades cada vez mayor.

Si los legisladores aprueban la solicitud de NT$145,7 mil millones, las próximas pruebas serán las fechas de adjudicación, los precios unitarios, los ritmos de entrega y los ejercicios realistas bajo ataque electrónico. Esos indicadores mostrarán si el programa está construyendo una red defensiva resiliente o acumulando cantidades impresionantes sin el sistema de apoyo necesario para utilizarlas. Por ahora, Taiwán ha definido la escala y la orientación de su respuesta: un escudo antimisiles más alto, una fuerza de drones mucho más densa y una apuesta renovada a que la producción nacional pueda convertir la urgencia política en resistencia militar.