La Armada alemana disparó con éxito desde una fragata en el Atlántico Norte un misil balístico LORA de fabricación israelí, lo que permitió a Berlín evaluar por primera vez en la práctica una categoría de armamento que las Fuerzas Armadas alemanas no operan actualmente. La prueba nocturna, revelada el miércoles por funcionarios alemanes, evaluó un sistema lanzado desde un buque que, según el Ministerio de Defensa, puede alcanzar objetivos situados a una distancia de hasta 500 kilómetros, de acuerdo con Reuters.
El resultado constituye un hito de ingeniería, no una decisión de adquisición. Alemania no ha anunciado ningún pedido, calendario de despliegue ni la cantidad de lanzadores y misiles que podría comprar. Israel Aerospace Industries informa que la versión estándar del LORA tiene un alcance de entre 90 y 430 kilómetros, mientras que funcionarios alemanes describieron el sistema evaluado como capaz de alcanzar hasta 500 kilómetros. Esa diferencia podría deberse a la configuración o a parámetros de la prueba que ninguna de las partes ha detallado públicamente.
Aun así, la prueba es relevante porque instaló una opción balística de ataque en profundidad a bordo de un buque de guerra alemán en un momento en que Berlín intenta subsanar deficiencias históricas en la disuasión europea. Alemania moderniza simultáneamente su misil de crucero Taurus de lanzamiento aéreo, explora un sistema estadounidense de lanzamiento terrestre y participa con socios europeos en el desarrollo de un futuro armamento de largo alcance. El LORA ofrece una vía más rápida y basada en una tecnología ya desarrollada, pero su compra plantearía nuevas cuestiones de integración, mando y escalada.
Lo que demostró la prueba en el Atlántico Norte
La prueba, que no se había dado a conocer previamente, se realizó en aguas entre Irlanda e Islandia y contó con la participación de dos fragatas alemanas, según la agencia alemana de noticias DPA. Las autoridades emitieron una advertencia aeronáutica y marítima unos 45 días antes, un detalle de procedimiento importante para un ejercicio de fuego real de largo alcance. El jefe de la Armada, vicealmirante Jan Christian Kaack, calificó el lanzamiento de exitoso y afirmó que abrió un nuevo capítulo para la preparación operativa y la disuasión marítimas de Alemania.
El LORA es un arma superficie-superficie de lanzamiento terrestre móvil o marítimo, alojada en un contenedor sellado. Su fabricante afirma que el misil utiliza navegación inercial asistida por satélite, un motor de combustible sólido y una trayectoria diseñada para ejecutar ataques rápidos en condiciones meteorológicas adversas. IAI también anuncia una precisión de diez metros, pero se trata de una afirmación de la empresa, no de un resultado de la prueba alemana verificado de manera independiente. Los datos del producto establecen para qué está diseñado el sistema estándar, no las características precisas de lo que Berlín probó.
Un misil balístico sigue una trayectoria de vuelo distinta de la de los misiles de crucero que ya ocupan un lugar central en los planes alemanes de ataque en profundidad. Acelera rápidamente y pasa gran parte del vuelo en una trayectoria en arco, mientras que un misil de crucero atraviesa la atmósfera de forma más parecida a una aeronave no tripulada. La diferencia repercute en el tiempo de alerta, las defensas, los requisitos de las plataformas y los tipos de objetivos. Sin embargo, el LORA es un arma de teatro con carga convencional, no un sistema intercontinental ni nuclear, y su alcance anunciado sigue siendo regional.
Una brecha que el Taurus no puede subsanar por sí solo
La capacidad actual de Alemania para realizar ataques de largo alcance se basa en el Taurus, un misil de crucero de lanzamiento aéreo con un alcance oficial superior a 500 kilómetros. Berlín posee aproximadamente 600, según Reuters, pero solo pueden emplearlos aeronaves de combate configuradas para portar el arma. Esa dependencia concentra la misión en una cantidad limitada de aeronaves, bases aéreas y tripulaciones capacitadas. Un misil balístico basado en fragatas distribuiría la capacidad de lanzamiento entre otra rama de las Fuerzas Armadas y dificultaría los intentos de un adversario por neutralizarla.
Berlín ya ha destinado fondos a preservar y modernizar la base industrial del Taurus. La empresa conjunta Taurus recibió en diciembre un contrato del gobierno para preparar la producción en serie en Alemania del Taurus NEO, que tendrá una mayor capacidad de supervivencia. MBDA afirma que el arma mantendrá un alcance superior a 500 kilómetros y mejorará su capacidad de supervivencia frente a las defensas aéreas modernas. Sin embargo, no se prevé que la producción comience antes de 2029, lo que deja abierta una cuestión a corto plazo que un sistema disponible en el mercado como el LORA podría responder parcialmente.
Eso no significa que comprar el LORA sea sencillo. Alemania tendría que decidir qué buques podrían portar contenedores sin comprometer otras misiones, cómo recibirían los datos de selección de objetivos y quién podría autorizar un ataque. Los depósitos de municiones, el mantenimiento, la capacitación de las tripulaciones, el software, la seguridad de las comunicaciones y el reabastecimiento tendrían que ser compatibles con los sistemas alemanes y de la OTAN. La prueba pública demuestra que es posible lanzar un misil desde una fragata; no demuestra que una unidad operativa alemana pueda mantener esa capacidad en combate.
Berlín compara tres vías
La evaluación del LORA se desarrolla en paralelo al Enfoque Europeo de Ataque de Largo Alcance, o ELSA, que Alemania, Francia, Italia, Polonia, Suecia y el Reino Unido formalizaron en la sede de la OTAN en junio. La iniciativa busca coordinar el desarrollo y las adquisiciones, no obligar a todos los participantes a adoptar un mismo diseño. El Ministerio de Defensa de Alemania afirmó que los socios utilizarían ELSA para fortalecer la capacidad industrial europea y desplegar armas más precisas y de mayor alcance.
Un programa europeo podría ofrecer autonomía sobre el diseño, producción compartida y una red de apoyo común, pero el desarrollo requiere tiempo. Comprar un misil israelí ya establecido podría ser más rápido y generar presión competitiva sobre los proveedores europeos. También podría hacer que Alemania dependiera de las autorizaciones israelíes de exportación y de una cadena de suministro separada. Por lo tanto, Berlín enfrenta una disyuntiva habitual en las adquisiciones de defensa: rapidez y menor riesgo de desarrollo ahora, frente a un mayor control europeo y más beneficios industriales en el futuro.
La tercera vía involucra a Estados Unidos. Está previsto que las fuerzas estadounidenses comiencen despliegues periódicos de capacidades de mayor alcance en Alemania, incluidos misiles de crucero Tomahawk y el SM-6, mientras que Berlín ha expresado interés en el lanzador Typhon, capaz de dispararlos. En su explicación sobre el Typhon, la Bundeswehr señala que el Tomahawk puede alcanzar unos 2.000 kilómetros, mucho más que el LORA. Esos despliegues fortalecen la disuasión de la alianza, pero seguirán siendo capacidades estadounidenses a menos que Alemania concrete su propia compra y establezca sus propios mecanismos de capacitación y mando.
Un mayor alcance plantea decisiones más difíciles
Las armas convencionales de largo alcance pueden mejorar la disuasión al amenazar sitios de lanzamiento, defensas aéreas, puestos de mando y centros logísticos que, de otro modo, quedarían fuera del alcance de la artillería aliada. Una combinación de sistemas de lanzamiento aéreo, terrestre y marítimo crea opciones superpuestas y reduce la posibilidad de que un adversario pueda neutralizarlos con un solo ataque. También permite a los comandantes adecuar la velocidad, el alcance y la capacidad de supervivencia de un arma al objetivo, en vez de depender de un único inventario limitado.
Esas mismas características generan riesgos de escalada. Los lanzamientos balísticos se detectan rápidamente, pero el Estado que los observa podría no conocer de inmediato la ojiva, el objetivo ni la intención. Los lanzadores móviles y marítimos también pueden desplazarse durante una crisis, lo que dificulta interpretar el despliegue de fuerzas. Alemania necesitaría una doctrina clara, un sólido control político y procedimientos confiables de notificación a la OTAN para evitar que una capacidad de disuasión convencional genere una ambigüedad evitable, en particular durante una confrontación con Rusia, que posee armas nucleares.
La prueba se realizó apenas horas después de que Berlín responsabilizara públicamente a Rusia de un intento de ataque con drones en el aeropuerto de Leipzig/Halle y prometiera medidas adicionales. Esa secuencia confiere relevancia política al lanzamiento, pero no debe interpretarse como prueba de que el LORA fue seleccionado en respuesta a un solo incidente; el ensayo requirió semanas de aviso previo y preparación. La OTAN describe la presión híbrida como una combinación persistente de actividades encubiertas, militares, cibernéticas y económicas, y sus directrices hacen hincapié tanto en la resiliencia como en la respuesta militar.
La decisión de adquisición aún está pendiente
Las próximas señales relevantes serán contractuales, no retóricas. Berlín debe revelar si desea realizar más pruebas, efectuar una compra provisional o crear una fuerza naval permanente de misiles balísticos. El costo, las cantidades, las fechas de entrega, la selección de ojivas, la ubicación de los lanzadores y la participación de la industria alemana determinarán si el LORA se convierte en una capacidad desplegable o sigue siendo un experimento exitoso. La aprobación presupuestaria del Parlamento y la autorización israelí de exportación también serían necesarias antes de poner en marcha cualquier plan de despliegue significativo.
Alemania deberá explicar después cómo se relacionaría el LORA con el Taurus NEO, ELSA y una posible adquisición del Typhon. Los sistemas no son sustitutos directos: se lanzan desde plataformas distintas, siguen diferentes perfiles de vuelo y cubren distancias diferentes. Sin embargo, los presupuestos, las tripulaciones y la atención del mando son finitos. Un plan coherente de fuerzas debería identificar qué objetivos se pretende mantener bajo amenaza con cada sistema y cuántas armas se necesitan para conservar reservas creíbles después de los ejercicios y del uso en tiempos de guerra.
Por ahora, las pruebas respaldan una conclusión más limitada de lo que podría sugerir el lenguaje sobre un nuevo capítulo de la disuasión. Alemania ha demostrado que puede efectuar desde un buque el lanzamiento controlado de un misil balístico existente y que considera el ataque marítimo en profundidad una opción seria. Aún no ha adquirido esa capacidad. La importancia estratégica de la prueba dependerá de que Berlín convierta una demostración técnicamente exitosa en una fuerza asequible, integrada y sometida a control político.