El Departamento del Tesoro de Estados Unidos negó acreditaciones a periodistas de The New York Times, The Wall Street Journal y Bloomberg News para la reunión financiera del Grupo de los 20 que se celebra esta semana en Asheville, Carolina del Norte, sin ofrecer una explicación pública sobre esas decisiones. El informe de AP publicado el domingo señaló que Bloomberg describió como «numerosas» las solicitudes rechazadas, incluidas las de periodistas radicados en Europa y Asia. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo a AP que las denegaciones no tenían relación alguna con los puntos de vista de los periodistas.
Las exclusiones se produjeron horas antes de que los ministros de Finanzas y los gobernadores de bancos centrales comenzaran dos días de conversaciones el 31 de agosto. El propio aviso de acreditación del Tesoro indicaba que los medios aprobados recibirían instrucciones sobre los controles de seguridad, las instalaciones para la prensa y las posiciones de las cámaras, y que las acreditaciones estaban sujetas a aprobación. No publicó criterios de selección más allá de esa salvedad general, y el Tesoro no había señalado ningún motivo de seguridad, capacidad o procedimiento para rechazar a los periodistas.
La ausencia de una explicación es el hecho central, pero por sí sola no determina si las denegaciones fueron ilegales. Los gobiernos controlan de manera habitual el acceso a recintos seguros y pueden limitar la asistencia por razones logísticas neutrales. La preocupación es más específica y concreta: una dependencia estadounidense que organiza una importante reunión internacional excluyó selectivamente a periodistas experimentados y equipos completos de medios destacados, sin permitir que el público evaluara si las decisiones fueron neutrales, coherentes o producto de represalias.
Un proceso selectivo con criterios opacos
El Tesoro abrió el periodo de solicitudes el 5 de agosto y fijó como fecha límite el 24 de agosto. Su aviso prometía a los periodistas aprobados información sobre la recogida de acreditaciones, los controles, el espacio de trabajo, el estacionamiento y otros detalles operativos, pero no indicaba cómo se asignarían los lugares limitados ni si los solicitantes podían apelar una denegación. Esas omisiones importan porque la transparencia de un sistema de acreditación es una de las formas más sencillas de distinguir entre la gestión ordinaria de un evento y la discriminación entre periodistas.
Las decisiones conocidas tampoco admiten una explicación sencilla que abarque a cada medio en su totalidad. Alan Rappeport, corresponsal del Times que cubre el Tesoro y reuniones financieras internacionales desde 2017, fue rechazado, mientras que Jim Tankersley, jefe de la oficina del periódico en Berlín, fue aprobado, según AP. Bloomberg afirmó que se rechazaron varias solicitudes de sus periodistas. El Journal declinó hacer comentarios, por lo que se desconoce el alcance exacto de su exclusión.
Puede haber hechos que aún no sean públicos. Una solicitud tardía, documentación incompleta, una petición duplicada de personal o un problema con el control de seguridad podrían justificar una denegación individual sin que influyera el enfoque editorial. Pero la negativa del Tesoro a ofrecer siquiera una categoría de explicación impide comprobar esas posibilidades. La afirmación de Bessent se refiere al motivo; un proceso documentado aportaría pruebas.
La reunión amplifica el costo de perder el acceso
El encuentro de Asheville no es un acto ceremonial. Una crónica de Reuters describió una agenda estadounidense que abarca los desequilibrios comerciales, las exportaciones chinas, las sanciones contra Irán, los altos precios de la energía y la presión en los mercados de bonos del Tesoro a largo plazo. La deuda pública estadounidense superó los $40,000,000,000,000 este mes, los rendimientos a 30 años alcanzaron su nivel más alto en 19 años y las operaciones de recompra de deuda de mayor envergadura de Bessent han suscitado preguntas entre inversionistas y exfuncionarios. Son asuntos en los que pequeños cambios de redacción pueden mover los mercados o enviar señales sobre la política oficial.
El acceso con acreditación brinda a los periodistas más que un asiento en las sesiones informativas formales. Les permite observar qué funcionarios se reúnen, formular preguntas de seguimiento, contrastar las versiones de los distintos países y verificar afirmaciones generales con especialistas de otras delegaciones. Los comunicados oficiales registran el lenguaje acordado; rara vez recogen los desacuerdos, las propuestas abandonadas o los razonamientos que condujeron a una solución de compromiso. Los periodistas experimentados en la cobertura de estos temas aportan valor porque pueden detectar cambios respecto de posturas anteriores y cuestionar cifras en tiempo real.
Por lo tanto, el costo para el público depende menos del prestigio de las organizaciones excluidas que de la capacidad periodística que quedó fuera de la sala. El Times, el Journal y Bloomberg mantienen equipos especializados en finanzas, mercados y política económica, y su trabajo llega mucho más allá de sus suscriptores directos mediante citas y reacciones del mercado. Otros periodistas cubrirán la reunión, incluido al menos uno del Times, pero el acceso no es perfectamente intercambiable cuando difieren la experiencia, las fuentes y la memoria institucional.
Un conflicto más amplio por el acceso de la prensa al gobierno federal
Las decisiones del Tesoro se producen después de una serie de enfrentamientos entre la administración y organizaciones de noticias consolidadas. En el Pentágono, la mayoría de los principales medios entregó sus credenciales de acceso al edificio en octubre de 2025 en lugar de aceptar normas que, según afirmaron, podían castigar las labores periodísticas habituales. Un memorando del Pentágono de marzo de 2026 cerró después el corredor que los corresponsales habían utilizado durante años y avanzó hacia la creación de un espacio de trabajo anexo fuera del edificio, al citar restricciones de seguridad y la ampliación de las instalaciones.
Posteriormente, el Departamento de Defensa declaró que su oficina de prensa era un espacio clasificado porque también la utilizaban redactores de discursos que manejaban material clasificado, lo que restringió aún más el acceso físico de los periodistas, según detalló AP. En reiteradas ocasiones se ha pedido a los tribunales que determinen dónde termina la gestión de la seguridad y dónde comienza la represalia inconstitucional. Esas disputas dependen de los hechos específicos, pero establecen el contexto en el que se juzgará una nueva denegación de acreditación sin explicación.
La controversia se amplió el domingo, cuando el presidente Donald Trump dijo que Kristen Welker, de NBC, debía ser denunciada ante la Comisión Federal de Comunicaciones por la manera en que describió su historial de respaldos políticos. La propia guía sobre libertad de expresión de la FCC señala que, por lo general, la agencia no interviene en quejas sobre periodismo televisivo inexacto o parcial porque sustituir el criterio editorial de un titular de licencia entraría en conflicto con la Primera Enmienda. Un informe de Reuters indicó que NBC respaldó a Welker.
El límite legal depende del motivo y del tipo de espacio
La comparación reciente más clara es la demanda de Associated Press por el acceso a la Casa Blanca después de que la agencia de noticias siguiera utilizando «Golfo de México». Un juez federal de distrito concluyó que, una vez que el gobierno abrió espacios a algunos periodistas, no podía excluir a otro por su punto de vista, según un resumen del caso del Comité de Reporteros por la Libertad de Prensa. El juez emitió una medida cautelar preliminar en abril de 2025.
Esa sentencia no creó un derecho ilimitado a ingresar en todos los espacios gubernamentales. Posteriormente, el Tribunal de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia suspendió gran parte de la medida cautelar mientras avanzaba la apelación, lo que permitió la exclusión de lugares restringidos como la Oficina Oval y el Air Force One, pero mantuvo la protección para el Salón Este. El Instituto Knight criticó ese resultado, pero la división procesal ilustra por qué importan el tipo de espacio, el control gubernamental, las prácticas de acceso establecidas y las pruebas de represalias.
Una acreditación para una conferencia no es idéntica a una asignación en el grupo de prensa de la Casa Blanca ni a una credencial de acceso al edificio del Pentágono. Por ahora, no hay pruebas públicas de que el Tesoro rechazara las solicitudes para el G20 debido a coberturas específicas, y Bessent negó tal motivo. Cualquier impugnación legal probablemente dependería de registros que no están disponibles: la cantidad de solicitudes y lugares, los criterios escritos, las comunicaciones internas, el trato dado a solicitantes comparables y cualquier proceso de apelación.
Lo que el Tesoro puede aclarar ahora
El Tesoro podría reducir la incertidumbre sin divulgar información sensible sobre los controles de seguridad. Podría publicar criterios neutrales de acreditación, indicar cuántas solicitudes recibió y aprobó, explicar si los límites de espacio se aplicaron por medio e identificar un proceso de revisión para los solicitantes rechazados. También podría organizar un grupo de prensa ampliado u ofrecer la posibilidad de formular preguntas a distancia a los periodistas calificados que no puedan ingresar al recinto seguro. Cada medida haría el proceso más verificable sin menoscabar el control operativo.
Sin esa aclaración, la reunión continuará bajo dos versiones contrapuestas. El Tesoro afirma que el punto de vista no influyó; el Times y Bloomberg sostienen que las denegaciones menoscaban la rendición de cuentas y la libertad de prensa. Ninguna de esas afirmaciones sustituye el registro subyacente del proceso de selección. Las pruebas más útiles serán si el acceso cambia antes de que la reunión ministerial concluya el martes, si los periodistas rechazados reciben alternativas sustanciales y si el Tesoro finalmente ofrece una explicación coherente.
El episodio importa porque las normas de acceso determinan lo que el público puede conocer antes de que una política quede plasmada en un comunicado o en un anuncio capaz de mover los mercados. Los hechos documentados demuestran que hubo denegaciones selectivas, que se abordaron asuntos de gran trascendencia y que no se dio ninguna razón. Aún no demuestran que hubiera represalias ilegales. El Tesoro controla ahora la información que podría resolver ese vacío, por lo que la divulgación de su proceso constituye la prueba inmediata para determinar si las exclusiones de Asheville fueron parte de la gestión rutinaria o una nueva contracción del escrutinio independiente.