Pocos libros han marcado el rumbo de la literatura universal de manera tan decisiva como Don Quijote. Escrita por Miguel de Cervantes en la España de principios del siglo XVII, la novela sigue a Alonso Quijano, un hidalgo de edad avanzada cuya mente ha quedado tan impregnada de novelas de caballerías que llega a creer que está destinado a revivir la caballería andante. Tras adoptar el nombre de don Quijote de la Mancha, recluta como escudero a Sancho Panza, un vecino de espíritu práctico, y emprende un viaje por las llanuras de España para reparar agravios, defender a las personas honorables y alcanzar la gloria en nombre de una dama imaginaria, Dulcinea del Toboso. Lo que sigue es una de las grandes odiseas cómicas de la literatura: molinos de viento confundidos con gigantes, posadas tomadas por castillos y rebaños de ovejas confundidos con ejércitos.

La premisa central de Cervantes es engañosamente sencilla: un hombre pierde el contacto con la realidad a causa de sus lecturas. Sin embargo, la novela se vale de esta premisa para indagar en cuestiones mucho más amplias. ¿Qué relación existe entre las historias que consumimos y la realidad que percibimos? ¿Puede el idealismo, por más delirante que sea, encerrar su propia forma de nobleza? ¿Y dónde está la frontera entre la locura y la lucidez moral? Desde cualquier punto de vista práctico, don Quijote vive engañado. No obstante, su compromiso con la justicia, la cortesía y el honor a menudo deja al descubierto la mezquindad, la crueldad o el cinismo de las personas «cuerdas» con las que se encuentra. Cervantes nunca resuelve del todo si debemos reírnos de don Quijote o admirarlo, y esa tensión forma parte del poder perdurable de la obra.

Por su estructura, la obra suele considerarse uno de los textos fundacionales de la novela moderna. Cervantes juega con distintos marcos narrativos: afirma que la historia fue escrita originalmente por un historiador árabe ficticio, Cide Hamete Benengeli, y en la Parte II, publicada una década después de la Parte I, hace que personajes que han leído la Parte I interactúen con don Quijote, conscientes de su fama. Esta técnica autorreferencial, casi posmoderna, se adelantó notablemente a su tiempo e influyó en escritores que van desde Fielding y Flaubert hasta Borges y muchos otros.

La relación entre don Quijote y Sancho Panza también merece atención. Sancho comienza como contrapunto de su amo: es terrenal, ansía recompensas materiales y se muestra escéptico ante sus visiones. Sin embargo, a lo largo de la narración adopta parte del idealismo de don Quijote, mientras que este, a su vez, se vuelve más receptivo a la sabiduría práctica. La evolución de su vínculo ofrece uno de los primeros y más ricos estudios literarios sobre cómo dos temperamentos muy distintos pueden moldearse mutuamente mediante una convivencia prolongada.

Desde una perspectiva histórica, la novela surgió como una parodia de las novelas de caballerías, que gozaban de enorme popularidad en la España de Cervantes, y los lectores familiarizados con ese género percibirán niveles de sátira que el público moderno quizá pase por alto. Pero el libro trasciende el blanco original de su parodia. Su reflexión sobre la ilusión frente a la realidad, y sobre la dignidad que puede existir incluso en lo que parece una necedad, lo ha convertido en una obra de referencia para lectores de numerosas lenguas a lo largo de cuatro siglos.

Don Quijote es una obra extensa, que a menudo supera las 900 páginas en las traducciones modernas, y su humor se articula mediante episodios, más que a través de una trama ceñida, lo que puede poner a prueba a quienes esperan un arco narrativo convencional. Sin embargo, quienes estén dispuestos a aceptar su estructura sinuosa encontrarán un libro que recompensa la paciencia con ingenio, emoción y auténtica profundidad filosófica. Resulta especialmente valioso para los lectores interesados en la historia de la novela como forma literaria, para quienes se sienten atraídos por las preguntas sobre el idealismo y el autoengaño, y para cualquiera que sienta curiosidad por una obra que ha influido en la narrativa mucho más allá de su propia época y lengua.