Más de 6,3 millones de acres se han quemado en Estados Unidos en lo que va de 2026, según el NIFC, una superficie que ya supera el total de todo 2025 cuando aún faltan cuatro meses de la temporada de incendios. Según el informe federal de situación del lunes, 94 grandes incendios seguían sin estar contenidos en el país, y el Grupo Nacional de Coordinación Multiagencial ha mantenido al país en el Nivel de Preparación 5, el más alto de cinco niveles, lo que significa que casi todos los recursos disponibles para combatir incendios forestales ya están desplegados o en espera, según la Oficina de Administración de Tierras (BLM).
La crisis es más visible en Spokane, Washington, donde un conjunto de incendios que comenzó el 1 de agosto se ha convertido en uno de los desastres por incendios forestales urbanos más costosos en la historia del estado. Más de 920 estructuras han quedado destruidas, según la Cruz Roja, y aunque algunos vecindarios evacuados comenzaron a reabrir esta semana, las autoridades siguen advirtiendo a los residentes que no ingresen en las zonas restringidas porque los peligros pueden persistir incluso después de que las llamas estén contenidas. Los tres incendios —Old Trails, Fairview y Autumn Lane, denominados en conjunto Complejo Spokane— obligaron a entre 60.000 y 67.000 residentes a abandonar sus hogares en el momento más crítico de la emergencia y dejaron sin electricidad a decenas de miles más, según Reuters. La alcaldesa de Spokane, Lisa Brown, lo calificó como el peor desastre natural que ha enfrentado su región, una valoración contundente para un área metropolitana de aproximadamente 230.000 habitantes donde los incendios forestales nunca antes habían penetrado el núcleo urbano a esta escala.
El gobernador Bob Ferguson declaró el estado de emergencia en todo Washington el 1 de agosto y prohibió las quemas hasta finales de septiembre, después de que el Servicio Meteorológico Nacional emitiera la primera alerta de bandera roja por una «situación particularmente peligrosa» en la historia del estado, su categoría más grave de alerta por condiciones meteorológicas propicias para incendios, según la oficina de Ferguson. Posteriormente, el gobierno federal aprobó una declaración de emergencia que abarca seis condados y tres naciones tribales —la Nación Yakama, la Reserva Colville y la Tribu Indígena Spokane—, lo que permitió acceder al apoyo de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias para brindar albergue, alimentos y agua de emergencia, y realizar operaciones de búsqueda y rescate, según la oficina del gobernador. Una emergencia federal de salud pública por separado, aprobada el 7 de agosto, busca agilizar la reposición de medicamentos y reducir las cargas administrativas para los residentes desplazados que dependen de Medicare y Medicaid, informó la oficina del gobernador.
La magnitud de las pérdidas ya ha atraído la atención del sector asegurador. El corredor de reaseguros Gallagher Re calculó que las pérdidas aseguradas por los incendios de Spokane podrían ascender a cientos de millones de dólares, con una posibilidad verosímil de convertirse en un siniestro de mil millones de dólares para el sector y de ubicarse entre los incendios forestales más costosos en la historia de Washington, según Reinsurance News. Por separado, la agencia de calificación AM Best concluyó que las aseguradoras con una exposición concentrada en la zona de Spokane probablemente afrontarán pérdidas considerables, aunque los daños todavía no parecen acercarse a la magnitud de los incendios forestales de California de 2025, según AM Best. Como referencia de la rapidez con que pueden aumentar los costos, la temporada de incendios forestales de Washington de 2023, que incluyó siniestros cerca de Medical Lake y Elk, no muy lejos de Spokane, generó alrededor de $240 millones en reclamos de seguros, dijo un analista a Stateline; los daños de este año en la misma región ya parecen ser mayores.
La crisis de Washington es solo una parte de un patrón nacional. La propia oficina del gobernador Ferguson señaló que el estado atraviesa un cuarto año consecutivo récord de sequía en todo su territorio, con más de 1.000 incendios que habían quemado aproximadamente 450.000 acres a principios de agosto: la mayor superficie afectada en el estado desde 2021, según la oficina del gobernador. En el ámbito nacional, la región del Noroeste —Washington y Oregon en conjunto— concentra actualmente 44 de los 94 grandes incendios sin contener que siguen los coordinadores federales, más que cualquier otra región, según datos del NIFC. Solo Oregon ha registrado más de 1.400 incendios forestales este verano, que han quemado más de 2,2 millones de acres, informó la Cruz Roja.
En otro lugar, un incendio forestal que ardía desde finales de julio en el Bosque Nacional Fishlake, en Utah, dejó víctimas mortales el 8 de agosto, cuando un helicóptero Sikorsky S-64 contratado por el Servicio Forestal de Estados Unidos se estrelló mientras combatía el fuego, accidente en el que murieron los dos pilotos a bordo, según The Times. Los equipos de rescate no pudieron llegar de inmediato a los restos debido al propio incendio, que para entonces había crecido hasta casi 174 millas cuadradas, y se informó que el accidente prendió fuego a vegetación adicional que se integró al perímetro ya existente. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte investiga el accidente, un proceso que, según las autoridades, podría tardar un año o más debido a la complejidad de las investigaciones de siniestros aéreos.
Funcionarios federales describen el actual nivel de alerta como resultado tanto de la intensidad de los incendios como de la escasez de recursos, y no de una sola tormenta o región. En el Nivel de Preparación 5, aproximadamente el 80 % de la capacidad del país para combatir incendios forestales ya está ocupada, lo que significa que puede ser más difícil conseguir brigadas y aeronaves para cualquier nuevo incendio que se desate, sin importar dónde comience, según un reporte que citó las orientaciones del NIFC a través de Healthcare Ready. El país se mantiene en ese nivel máximo desde el 18 de julio —la quinta vez en aproximadamente la última década que se alcanza esta clasificación— y, en particular, ha llegado antes y se ha prolongado más que en varios años recientes comparables, según el NIFC. Un equipo internacional de gestión de incidentes y personal de extinción de incendios de Australia y Nueva Zelanda fueron desplegados para apoyar las operaciones en el Noroeste, junto con aviones cisterna de la Reserva de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la Guardia Nacional Aérea de California, según el informe federal de situación.
Las causas de la actividad de incendios de este año son estructurales y no pueden atribuirse a una sola decisión o política. Los servicios federales de pronóstico atribuyen el aumento a una combinación de sequía persistente, temperaturas superiores a lo normal, episodios de fuertes vientos y acumulación de vegetación seca a lo largo de temporadas anteriores: un conjunto de condiciones que, según los científicos especializados en incendios, son cada vez más comunes en el oeste de Estados Unidos, de acuerdo con el pronóstico estacional publicado por el NIFC. Los investigadores también han determinado que la actividad humana, y no solo las condiciones meteorológicas, influyó en algunos incendios específicos: las autoridades de Spokane y del estado de Washington abrieron investigaciones por incendio provocado en relación con al menos uno de los siniestros del Complejo Spokane, y un hombre de la zona de Spokane fue detenido por separado y acusado de iniciar intencionalmente uno de tres incendios que ardieron durante más de una semana cerca de la ciudad, según Associated Press. No existe una causa única que explique una temporada de incendios de esta magnitud; en cambio, funcionarios e investigadores señalan la interacción entre la aridez impulsada por el clima y el crecimiento de la población que vive cerca de zonas naturales propensas a los incendios.
Para los residentes de Spokane y sus alrededores, la preocupación inmediata sigue siendo práctica y no estadística. Casi 1.000 trabajadores de la Cruz Roja para la atención de desastres operan albergues, distribuyen kits para la recuperación tras incendios forestales con mascarillas N95, trajes de protección y comidas autocalentables, y gestionan un centro conjunto de asistencia por desastre donde las familias desplazadas pueden acceder simultáneamente a servicios de decenas de organizaciones, según la Cruz Roja. Aunque las líneas de contención se mantienen en algunos vecindarios, las autoridades continúan advirtiendo que regresar demasiado pronto conlleva sus propios riesgos, un recordatorio de que la retirada de un incendio del mapa no significa que los hogares afectados hayan recuperado por completo la normalidad.