La economía de Estados Unidos se expandió a una tasa anualizada de apenas 1.5% en el segundo trimestre, frente al 2.1% del primer trimestre y muy por debajo del 2% previsto por los economistas. Al mismo tiempo, el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal, el índice PCE subyacente, aumentó 3.3% interanual en junio, mientras la tasa de ahorro personal cayó a apenas 2.7%, su nivel más bajo desde 2022. Las solicitudes semanales de subsidio por desempleo subieron ligeramente a 197,000, y la confianza del consumidor, aunque todavía débil en términos históricos, mejoró hasta una lectura definitiva de 55.2 en julio. En conjunto, los datos publicados durante la semana mostraron una economía que pierde impulso mientras las presiones sobre los precios se resisten a ceder por completo.
Crecimiento y precios: las cifras
La estimación preliminar de la Oficina de Análisis Económico, publicada el 30 de julio, mostró que el gasto de los consumidores, la inversión y las exportaciones contribuyeron positivamente al crecimiento del segundo trimestre, mientras la reducción del gasto público y el aumento de las importaciones lastraron la cifra general. Las importaciones, que se restan del PIB, aumentaron 11.5% en el trimestre, apenas por debajo del ritmo de 11.8% del primer trimestre. Más allá de la débil cifra general, una medición más acotada que excluye el comercio y los inventarios —las ventas finales a compradores privados nacionales— en realidad se aceleró al 3.9%, un marcado aumento frente al 1.7% del primer trimestre, lo que indica que la demanda privada subyacente se mantuvo mejor de lo que sugiere el dato general.
Mientras tanto, algunas mediciones de la inflación evolucionaron en la dirección equivocada. El índice general de precios de las compras internas brutas saltó 5.7%, frente al 3.6% del primer trimestre. El índice general de precios PCE aumentó a una tasa trimestral anualizada de 5.1%, comparado con el 4.6% anterior. Sin embargo, en términos interanuales, la inflación general PCE correspondiente únicamente a junio se moderó al 3.7%, frente al 4.1% de mayo. La divergencia entre las lecturas trimestrales y anuales pone de relieve la volatilidad de la tendencia reciente de la inflación.
Salarios, confianza y mercado laboral: qué muestran los datos
El Índice de Costo del Empleo, el indicador más amplio del Departamento de Trabajo sobre lo que pagan los empleadores en salarios y prestaciones, subió 0.9% en el segundo trimestre, igualando el ritmo del trimestre anterior y reflejando un mayor crecimiento salarial contrarrestado por un menor aumento del costo de las prestaciones. En los 12 meses hasta junio, los costos laborales aumentaron 3.4%. Los sueldos y salarios del sector privado aumentaron apenas 3.1% en el año, el menor incremento anual desde principios de 2021. Ajustados por inflación, los salarios anuales en realidad cayeron 0.4% en términos reales.
Por su parte, los consumidores se mostraron un poco menos pesimistas. El índice definitivo de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan para julio subió a 55.2, casi 12% por encima del nivel de junio, aunque sigue deprimido según los parámetros históricos. Las expectativas de inflación a un año bajaron al 4.2% desde el 4.6% de junio, mientras las expectativas a cinco años se mantuvieron estables en 3.3%. Los datos regionales de manufactura ofrecieron una señal ligeramente más alentadora: el índice PMI de Chicago subió a 57.6 en julio desde 56.7 en junio. Las solicitudes de subsidio por desempleo correspondientes a la semana que terminó el 25 de julio subieron a 197,000, desde una cifra revisada de 188,000, aunque el promedio móvil de cuatro semanas en realidad disminuyó a 202,750.
Dos explicaciones contrapuestas
Los economistas que analizaron los datos de la semana ofrecieron dos interpretaciones generales que no son mutuamente excluyentes. La primera considera la desaceleración del PIB una señal de advertencia: con la tasa de ahorro personal en 2.7% —su nivel más bajo desde mediados de 2022—, los hogares podrían estar agotando sus reservas para sostener el gasto, un patrón que históricamente resulta difícil prolongar de manera indefinida. La desaceleración del crecimiento de los salarios reales —con el crecimiento nominal en un mínimo de cuatro años de 3.1% y una variación negativa de 0.4% después de ajustar por inflación— se suma a la preocupación de que a los consumidores les quede un menor colchón financiero.
La segunda interpretación es más optimista: la aceleración de las ventas finales a compradores privados nacionales, al 3.9% desde el 1.7%, sugiere que el resultado del PIB por debajo de las previsiones obedeció en gran medida al efecto aritmético del comercio y el gasto público, y no a una verdadera pérdida de impulso del sector privado. Según esta perspectiva, la resiliencia del consumidor —el gasto aumentó 0.3% en junio, incluso cuando el crecimiento de los ingresos se desaceleró al 0.2%—, sumada a la moderación de las expectativas de inflación a corto plazo y a la estabilidad de los indicadores manufactureros, apunta a una fase de debilidad pasajera más que a una contracción. Ambos grupos coinciden en algo: los datos son realmente dispares y ningún indicador por sí solo resuelve el debate.
El panorama general
En conjunto, las cifras describen una economía sometida a fuerzas opuestas al mismo tiempo: crecimiento en desaceleración, inflación persistente pero en moderación, un mercado laboral que genera menores aumentos salariales después de ajustar por inflación y consumidores que simultáneamente son menos pesimistas y ahorran menos. Ninguno de los informes fue particularmente significativo por sí solo, pero su coincidencia en una misma semana dio a los analistas un conjunto de datos más amplio de lo habitual que conciliar. La Reserva Federal, cuyos responsables de política monetaria evaluaban esa misma semana su próxima decisión sobre las tasas de interés, enfrenta la conocida tensión de un banco central que observa una moderación del crecimiento justo cuando algunos indicadores de inflación —como el índice de precios de las compras internas brutas, que subió 5.7%— avanzaron en lugar de retroceder. Con el próximo informe de empleo y la próxima lectura del IPC todavía a semanas de distancia, la situación actual permite interpretaciones tanto optimistas como cautelosas sobre el rumbo de la economía.